
Bienvenidos a la pequeña parcela del infierno que llamo mi cabeza.
Con esta frase tan bonita y positiva, abro mi pequeño rincón de meditación, sobre lo que veo, lo que me rodea, y lo que siento.
No tengo muy claro por donde voy a llevar lo que aquí se hable y escriba, pues ni siquiera sé porque me da por escribir últimamente.
Acabo de volver de mi viaje a Extremadura, que me ha vendido de fábula, pero una jodida hora de atasco en la nacional 5 a 65 KM de Madrid desespera a cualquiera y no solo eso que te da por pensar.
El viaje ha estado bien, incluso con sus cientos de inconvenientes; una mala organización por parte de la empresa de viajes (ejem ejem), hizo que casinos perdiéramos por un detestable camino rural, por el que tuvimos que meter el coche, si no fuera por nuestra increíble potra eligiendo las direcciones en los cruces no hubiéramos llegado nunca (no nos confundimos ni una vez).
El sitio como tal está genial, muy grande, con buenas vistas y en medio de la nada, pero el tema de la limpieza e higiene… mejor no hablaré de ese tema.
Los monitores eran bastante majos, de hecho nos cogimos una borrachera bastante importante con ellos el sábado (tuve que subir las escaleras a gatas. Literalmente). Nos quedamos hasta bien entrada la noche bebiendo con ellos y con una pareja de Badajoz que conocimos a la hora de la comida, y con ellos nos hemos quedado todo el fin de semana, éramos… El Equipo B.
Cabe destacar la increíble puntería que tenemos Juan y yo sobre todo el, y mi facilidad para escalar casi innata que tengo, pues me termine el recorrido antes que nadie y conmucha soltura, por lo demás: tirolína, paseos a caballo… completito la verdad.
¿En cuanto a mi? Bueno estoy en casa tranquilo, a ver cuanto me dura, y cuanto tardo en hacer una de las mías.
No es fácil ser yo.
Y lo digo con conocimiento de causa.

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